Cuando la violencia se hospeda en el hogar

Ana hace un esfuerzo por levantarse en la mañana. Siente desesperanza. La noche pasada su pareja se puso furioso y la golpeó. José su pareja, bebe con frecuencia y cuando llega a casa ebrio, sus hijos temen lo peor. Huyen y se esconden afuera, escuchando gritos y ruidos. Cuando finalmente llega el silencio los niños saben que su padre está dormido y el peligro pasó.

A manera de reflexión…

Con frecuencia la violencia se hospeda en el hogar de una familia y es encubierta con el silencio y el disimulo. No es novedad que en nuestros tiempos el agresor sea un hombre y rara vez una mujer. Lo cierto es que la guerra mas grande que sucede casi todos los días en el mundo es dentro de las familias, especialmente entre hombres y mujeres y es realmente triste cuando se genera un feminicidio a manos de un hombre, sin duda es terrible.

La intervención de la mujer que es víctima de violencia debe apuntar a darle un espacio de contención, favorecer la toma de conciencia de la situación que vive, redefinir su relación de pareja y potenciar sus recursos personales para tomar una decisión.

En varias ocasiones, cuando acuden a nuestro consultorio mujeres que no se sienten bien tratadas en su convivencia o matrimonio con sus parejas, lo que proponemos es que preste atención a «lo que dice» y al «como lo dice», de esta manera la persona se da cuenta de que seguir allí consume su vida y que es momento de tomar una decisión.

Así, cuando hay mujeres que están viviendo maltrato junto a sus hijos, ojalá tuvieran el valor para irse, dejando todo interés en una lucha o en integrar movimientos colectivoscontra los maltratadores, sencillamente por que esto revictimiza y genera mayor sufrimiento y lo llegan a sentir los hijos, que no saben si amar o no al padre que es excluido, retirado, hechado al inframundo de los malos. Los hijos desearían sentir que su madre a recuperado su fortaleza, su amor propio en la vida para crecer y florecer como la flor que es. Y también que pueda transmitir respeto por el padre, aunque este haya ocasionado daños. Lo que no ayuda es que una mujer se retire sintiéndose más víctima; todo lo contrario los hijos se sienten tranquilos cuando su madre les orienta hacia la paz y el amor; no hacia quien es el bueno y quien es el malo.

Todo juego psicológico con resultados trágicos tiene tres vértices: el agresor, la víctima y el salvador. El agresor es el hombre o la mujer, la víctima es el hombre o la mujer y el salvador es la sociedad, que quiere salvar a la víctima y se pone de perseguidora del agresor. Juegos, juegos, juegos y la pregunta es ¿estamos logrando grandes avances? ¿Estamos logrando que realmente haya cambios? ¿Estamos logrando que cada vez haya menos violencia en las familias y en las parejas? Creo que no. Algo diferente habrá que hacer y pensar, porque hacer lo mismo conduce a lo mismo.

En la Rep. Argentina, un grupo de mujeres que había sufrido violencia organizó un movimiento titulado «Ni una menos». Se organizaron para decir «BASTA» al feminicidio. Poco tiempo después siguieron muriendo más mujeres. Después del acto multitudinario lamentablemente la violencia doméstica continuó con igual o mayor frecuencia.

En nuestra experiencia como psicólogos, acompañamos terapéuticamente a tantas personas, en su mayoría mujeres, y no ayuda mucho a la solución estigmatizar a los hombres. Mas bien, lo que puede curar a los hombres, es la buena mirada de las mujeres y lo que a toda mujer le ayuda también es la buena mirada de un hombre. En ese sentido, si a nivel colectivo pudieramos desarrollar más y más una mirada buena, actualizada, comprensiva y respetuosa entre hombres y mujeres, estariamos ante una gran revolución que si ayudaría.

¿Por qué maltratan los hombres?

La mayoría de agresores tiene un bajo nivel educativo y son mayores que la víctima, además suelen actuar bajo los efectos del alcohol, tienen poca tolerancia a la frustración y dificultades para comunicarse adecuadamente. También suelen ser celosos, impulsivos y afectivamente inestables (Nóblega, 2012). Tienen historial de abuso infantil y han sido testigos de violencia intrafamiliar (Castro, Cerellino y Rivera, 2017), lo que genera que tengan marcados esquemas sexistas, baja autoestima y un mal autoconcepto, que los lleva a ser violentos por compensación (Muñoz y Echeburúa, 2016).

¿Hombres y Mujeres ejercen la violencia familiar?

Ahora bien, algunos autores señalan que es un error victimizar a la mujer y culpabilizar solamente al varón, pues ambos intervienen en el contexto de la violencia familiar (Ravazzola, 1997). En el estudio de Ocampo (2015) por ejemplo, el 24% de relaciones fueron violentas por el hombre, mientras que el 49.7% de relaciones la violencia fue recíproca. Otro estudio encontró que la mujer ejerce mayor violencia pasiva o indirecta hacia el varón, que suele enmascararla a través de la manipulación y está motivada por deseos de venganza (Vargas et al., 2011). Esto supone que varones y mujeres tienen formas diferenciadas de ejercer violencia, pues mientras el varón ejerce violencia física en mayor medida que la mujer, la mujer expresa más la violencia de forma verbal y encubierta (Arias, 2014).

Violencia que se repite de generación en generación

Lo que más nos preocupa es que la violencia familiar puede ser transmitida de generación en generación. Una explicación a esta repetición es que los niños expuestos a agresiones domésticas suelen percibir que la violencia es la única alternativa de afrontamiento y aprenden a ver a las personas/relaciones en términos de agresor o agredido (víctima). Esto se debe a que los padres o familiares cercanos se convierten en modelos de comportamiento e influyen en las relaciones que establecerá el niño/niña con su entorno. Asimismo, las relaciones víctima-agresor van quedando grabadas en la psique de los niños, quienes posteriormente repetirán dicha dinámica cada vez que se presente una situación similar: “este modo de funcionar no tiene más remedio que repetirse cada vez que se presente un conflicto, repetidamente actuará de manera similar, frente a diferentes conflictos y circunstancias”.

El círculo de la violencia

Jeanne Deschner (1984) de la Universidad de Texas, hizo un nuevo modelo para entender la agresividad doméstica. Descubrió que la violencia es un proceso secuencial sin fin. El círculo de la violencia predice que, después de un período de paz, se reanuda la secuencia otra vez.

En cada fase recomiendo medidas para frenar o detener el proceso que tiene como destino la agresión:

Fase

01

Tensión en aumento

En determinado momento, algo rompe la paz. La víctima hace algo que molesta o irrita al abusador(a) y se dispara un estado de tensión que va aumentando con amenazas y enojos del abusador(a).

¿Qué hacer?
Cuando aparecen insultos, gritos y amenazas, la víctima tiene que utilizar estrategias de comunicación (comunicarse bien, es decir, el tono de voz, las palabras que utiliza, etc.) y de negociación (Ej.: cuando estés calmado me gustaría que habemos, etc.).

Muy importante
Las parejas en las cuales ocurren agresiones se caracterizan por la dependencia. Lo sano es que haya más libertad, especialmente por parte de la víctima. Por ejemplo, que pueda tener más vinculos sociales, amistades «vitamina», que integre grupos sociales, que trabaje o estudie. La apertura a otras personas disminuye los peligros de la violencia.

Fase
02

El incidente

El agresor(a) se descontrola: abuso verbal, emocional, físico. Enfado, acusaciones, discusiones. Amenazas. Initimidación.

¿Qué hacer?
Si fracasa la negociación y continúan los enojos del abusador(a), la víctima debe implementar medidas evitativas:

1. Intervención externa:
Un terapeuta especializado, un mediador, un familiar con capacidad para frenar la violencia.

2. Intervención interna:
Cuando se inicia la agresión, la víctima tiene que salir inmediatamente de la casa o permanecer en una habitación donde el agresor(a) no pueda ingresar u otras medidas para ponerse a cubierto.

Fase

03

Arrepentimiento y perdón

El agresor(a) se disculpa, da escusas, echa la culpa a la víctima, niega que existiese abuso, o dice que no ha sido para tanto o que está exagerando.

Cuidado!
Aprovecharse de este momento para vengarse no contribuye para nada hacia la búsqueda de una solución.

¿Qué hacer?
Sin embargo, la víctima no debe conceder un perdón fácil que conduzca a una rápida reconciliación, sino poner condiciones al agresor(a) que garanticen la no repetición de las ofensas y los golpes. Por ejemplo, iniciar una terapia, firmar un compromiso de no agresión ante personas significativas.

Fase

04

Fin de la disputa
«Calma»

Ambos se brindan mutuas satisfacciones para celebrar el reencuentro; suelen tener una «luna de miel», para olvidar lo que pasó.

¿Qué hacer?
No hay que aceptar eso de «dar vuelta la página» y «olvidar el pasado». No significa vivir con resentimiento y estar recordando el episodio para chantajear al agresor(a): «Cómo me hiciste eso, ahora dame esto».

Lo que ayuda es tomar medidas para que no se vuelva a repetir el ciclo. Cuidar que, cuando empiecen nuevamente las amenazas, cortar la relación o retomar la terapia.

Gracias por leerme.

Envío Paz a tu vida.

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