¿Dolor emocional? como vivirlo para no hundirnos en el sufrimiento.

Una ruptura amorosa, la pérdida de un ser querido, abandonos en la infancia, violencia familiar, la noticia de una enfermedad, quedarse sin trabajo, la imposibilidad de tener hijos, un accidente inesperado, la separación de los padres, etc. Sin duda, todos sufrimos adversidades, desgracias en mayor o menor intensidad. El dolor, aunque tenga mala publicidad, forma parte del paisaje de la vida. Sin embargo, hay personas que ante un suceso parecido, se sobreponen y otros, en cambio, quedan afectados permanentemente.

El caso de José por ejemplo, que vino a mi consulta refiriendo una profunda tristeza por la decisión de su pareja de no continuar más con su relación, pues ella ya no sentía amor por él, además de descubrir que había otro hombre en su vida. Se hizo evidente en la historia conyugal de ambos los cuatro destructores del amor (crítica, desprecio, actitud defensiva, actitud evasiva) que fueron acabando gradualmente su relación y extinguiendo el sentimiento, particularmente en ella. El sufrimiento de este hombre se hacía presente, su arrepentimiento de no haber puesto más atención a su pareja lo culpabilizaba, y aunque ya había pasado un año desde la ruptura, él aun estaba atascado en una fase del duelo, la negación; es decir, se resistía en aceptar la realidad y dejar ir a su ex pareja. Se encontraba en una posición de menos vida, refugiándose en el alcohol una vez por semana y gastando casi todo su dinero en bares, haciendo también sufrir y preocupar a quienes estaban mas cerca.

Sabemos los psicólogos que el alcohol es una forma de suicidio lento y ello era el caso de este hombre, como tantos hombres y también mujeres que no saben como procesar el dolor de una manera adecuada, a veces, evitando sentirlo y tomando posiciones rígidas o endurecidas como para no dejar surgir el llanto, o por el contrario, acompañar el dolor junto al alcohol, drogas u otras formas de nutrir más la tragedía.

Y es que, cuando la contrariedad nos visita, corresponde vivir el dolor y no tratar de evitarlo. En un duelo, por ejemplo, la persona atraviesa por momentos de enfado y de rabia; puede que se pregunte por qué le ha tocado a él/ella. Este proceso puede durar un año, dos, hasta que se acepta la realidad que le ha tocado vivir y empezar de nuevo. Ahora bien, si pasan los años y la persona toma una posición de victimismo, entonces se paraliza, de forma voluntaria, en un lugar sufriente y hace también sufrir a quienes están mas cerca.

Es natural discutir con la realidad, a veces incluso le lanzamos a Dios un desconsolado, iracundo y colérico ¡por qué!. Pero los más sabios después de un tiempo se dan cuenta que la vida tiene su propia voluntad y que de alguna manera extraña nos cuida a su propia manera, a veces, para levantarnos del sillón del confort e impulsarnos a generar un nuevo camino en la vida, descubrir nuevos recursos internos psicológicos que solo pudieron ser despertados desde la contrariedad o a través de algo que perdimos; como el caso de José, que no nutrió su relación. Sin embargo, gracias a una adversidad también nos hacemos mas concientes y al mismo tiempo más sabios. Algo aprendemos. Como dijo Sartre: «Lo importante no es qué han hecho conmigo, sino lo que he hecho con lo que han hecho conmigo».

A muchas personas la des­dicha les ha abierto la puerta a una vida más plena. Perder en un nivel puede ser ganar en otra dimensión. Cuando la vida golpea a las personas con re­veses terribles, aveces se abre una ventana a una realidad transpersonal, a la comprensión de que somos guiados por una voluntad mayor, a una confianza renovada.

Ahora bien, cuando la contrariedad nos visita, lo que ayuda es hacer espacio al dolor con todas las emociones que este trae, recuerda que las emociones se sienten y temporalmente luego desaparecen cuando han cumplido su función, la cual es generar tristeza, llanto, algo de ira, algo de temor y otros más, y créeme, si las dejas fluir, si dejas que hagan su proceso en ti, luego te sentirás un poco más aliviado y libre. Abrazar el dolor es estar ahí, prestando atención a tus pensamientos, sean los que sean, solo déjalos pasar, y si te resultan autodestructivos, busca ayuda profesional, busca apoyarte en aquellas personas que te brindan su apoyo, sostén y contención. Por esa razón es muy importante abrirnos y mantener buenas relaciones humanas. El problema es que en nuestra actual comunidad, cada persona que vive un duelo, se oculta, se aisla, lo vive individualmente, a veces por verguenza o a veces para no cargar a otros. Esto no ayuda!. Lo que ayuda es abrazar el dolor, como un visitante que se hospedará en nuestra casa interior un tiempo y que solo se marchará cuando entendamos la naturaleza de su visita: un aprendizaje, hacernos mas sabios, mas humildes.

La buena noticia es que nunca es tarde para decir ¡ya basta! y eso se logra aceptándo lo que nos ha sucedido, claro que no es fácil hacerlo, requiere de saber entregarnos al dolor y vivirlo como tal, no junto a una botella de alcohol para hundirnos más en el sufrimiento, no aislándonos en una habitación en una especie de cuarentena depresiva, sino abriéndonos al contacto y calor humano con aquellas personas que están y siguen ahí para darnos su apoyo, sostén y consuelo.

«Envío Paz y calma a tu vida»

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