¿Es la pareja un buen lugar para buscar la felicidad?

La respuesta es Si y No al mismo tiempo. Si, porque sabemos que estando en una relación estable, confiable y cariñosa las personas se sienten bien. Y… No, porque el vínculo de pareja obliga al hombre y a la mujer a realizar importantes ajustes en su ego personal, de tal manera que la relación no esté cargada de exigencias, reclamos, demandas, todo el elenco de las famosas «altas expectativas» hacia la pareja.

La pareja es una relación entre adultos y no materno o paterno filial. Cuando las demandas y expectativas hacia la pareja son enormes, se hace necesario revisar nuestro pasado familiar. Las personas que logran ser conscientes de su lealtad a ciertas conductas, creencias o comportamientos, heredadas de sus propios padres, pueden reorientar su mirada sobre lo que es ser pareja y se dirigen a esta con expectativas más razonables y adultas. Es decir, ya no actúan por repetición.

Todos hemos crecido dentro de una familia en el que hemos interiorizado y desarrollado modelos y estilos afectivos, por ejemplo, tenemos estilos controladores, dependientes, agresivos, víctimas etc. Cuando dos personas se juntan ponen en funcionamiento dos estilos afectivos que tienden a complementarse en beneficio del crecimiento mutuo, o por el contrario, entran en colisión cuando tratan de imponer su estilo afectivo, causando choques y malestar en la relación. Lo que ayuda es que la pareja desarrolle un estilo afectivo nuevo que les hagan crecer y les proporcione un cierto bienestar.

El amor no basta para que una relación se logre. Aunque muchos piensan que el amor es una gran fuerza y que todo lo puede, en la práctica encontramos que cuando ambas personas se aceptan tal y como son, y que él o ella no posee la llave de mi dicha y de mi desdicha, entonces es más fácil sentirnos relajados en esta relación. Sobre todo están en orden, es decir, dan prioridad a la relación de pareja formada o la nueva familia formada frente a sus sistemas familiares anteriores o de origen.

Algunas personas permanecen tan atadas a sus familias de origen que no logran tomar verdaderamente su lugar de hombre o mujer al lado de su pareja. En ocasiones la pareja afronta problemas y estos permiten que se involucren otros parientes. Sin duda ayuda que una madre o padre interceda para el beneficio de los dos miembros de la pareja planteando soluciones saludables. Lo que no ayuda es que se involucren demasiado o agreguen prejuicios hacia la pareja de su hijo/hija.

En las parejas no hay buenos y malos y aunque cada persona pueda encontrar los argumentos para justificar su posición y prorrogar su sufrimiento nada se logra rechazando y condenando, ejemplo: «Yo sería feliz si él/ella cambiase».

El buen amor se reconoce porque nos conduce hacia el bienestar, la vida, el provecho y la realización. El buen amor supone que hemos avanzado emocionalmente para respetar y asentir al pasado y a las heridas de nuestros anteriores en lugar de involucrarnos en estas últimas, repitiéndolas. Lo cierto es que, todos tenemos una madre y un padre, y en algún lugar de su interior ellos desean que sus hijos tengan una buena vida, un buen amor, y en ese sentido, lo que tenemos que hacer nosotros como hijos es demostrarles nuestro amor con nuestros avances. Así, el buen amor logra que vayamos un poco más allá en más vida, tanto en bienestar como en felicidad.

Envío Paz a tu vida…

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