Los Padres no tienen la culpa

En realidad, nadie es culpable ni inocente, ni justo ni injusto. En los sistemas familiares suceden muchas vivencias alegres y dolorosas y es común y popular, hoy en día, la idea de que nuestros males afectivos, problemas de pareja, desaciertos profesionales, neurosis, trastornos mentales y de personalidad, fracasos y destinos difíciles de todo tipo, se explican que son “causa y culpa” de la crianza que tuvimos y de las carencias o excesos que tuvimos que soportar en nuestra tierna infancia.

Algunas personas por ejemplo, han encontrado la excusa perfecta para decir: “Mis desgracias, insatisfacción, problemas de pareja o profesionales, etc., son causa y culpa de mi pasado, de mis padres y de todo lo que sucedía en mi casa”. Y esta idea es vivida como si concediera derechos emocionales y existenciales: al resentimiento, a la acusación, al victimismo, a la pena, a la indignación, a culparse o a culpar, al juicio, al conformismo y una larga lista de registros. Todos ellos son falsos poderes, posiciones existenciales que son nutrientes de una vida sufriente y que tomamos para conseguir ventajas sin que impliquen tomar responsabilidad y aceptación de los hechos vividos. Estos falsos poderes se reconocen como estilos emocionales que mantienen infeliz a su propietario y también hacen sentirse manipulados, exigidos e infelices a quienes están mas cerca, mayormente personas queridas.

Por ello quién logra tomar la realidad tal como viene y tal como es se siente bien y hace sentir bien a los demás porque sus comunicaciones no tienen exigencia ni manipulación, son expresivas, genuinas, autónomas, serenas y adecuadas al momento. Al mismo tiempo se afana para actuar en la vida y conseguir sus propósitos. Somos frágiles y necesitados y ésta es nuestra naturaleza. Y a la vez somos fuertes, y a menudo, las frustraciones, las heridas, los problemas nos ponen a prueba y estimulan nuestro desarrollo.

“Tener identidad de víctima es creer que el pasado tiene más fuerza que el presente. Es creer que otras personas, y lo que te hicieron, son responsables de quién eres ahora, de tu dolor emocional y de tu incapacidad de ser tú mismo. La verdad es que el único poder existente está contenido en este momento donde tomas responsabilidad de tu espacio interno y el pasado no puede prevalecer ante el ahora”.

Eckhart Tolle – El poder del ahora

Es universal que todos hemos sido heridos, algunos con heridas terribles como la pérdida de los padres, o la falta de sus cuidados básicos, otros con heridas suaves y ligeras, como no ser reconocidos o respetados en momentos puntuales o no encontrar tanta disponibilidad de los padres como se hubiera deseado. Pero también es universal que el amor se restaura cuando el dolor del que nos defendemos puede ser reconocido y reabierto también.

Cualquier adulto tiene la capacidad de encarar heridas que de niño no pudo.

Joan Garriga

“Solamente a través del amor a sí mismo puede el individuo ser capaz de amar a los demás, y solamente a través de la restauración del vínculo amoroso original hacia los padres puede a su vez amarse a sí mismo; porque de otro modo el resentimiento hacia sus padres recaerá sobre sí mismo y sobre los demás”.

Claudio Naranjo

El anhelo más profundo de todo hijo/a es sentir el amor hacia sus padres y juntarlos en su corazón, honrarlos y tomar la vida recibida. Cuando un hijo logra hacerlo se siente fuerte, orientado a la vida y libre para seguir el soplo de su espíritu y sus inclinaciones personales.

Lo que verdaderamente ayuda es realizar el proceso de aceptar también lo que fue difícil, y con ello quizás hacernos más fuertes o más sabios. Es decir, también lo que parece negativo podemos aprovecharlo a nuestro favor. Por ejemplo, algunas personas que sufrieron graves pérdidas o traumas con sus padres se sobreponen bien y construyen una vida con alegría y mucho sentido. A la inversa, hay personas que, amparándose en pequeñas frustraciones con sus padres, se creen con derecho a tener una vida mermada o penitencial y culpan a sus padres para justificar sus errores o sus fracasos.

“Una ofensa no es gran cosa, excepto por el hecho de que nos empeñamos en recordarla”

Confucio

Es un clásico en psicoterapia el caso de los pacientes que juraron de niños no parecerse a sus padres para luego descubrir, en la fase media de su vida, que son y actúan como ellos… ¿sabe porqué? «porque nos encadena lo que rechazamos, y sólo lo que amamos nos hace libres». Así que, vamos! abandone el sufrimiento y tome a sus padres tal como son o fueron.

La mayoría de las personas aman profundamente a sus padres y cuando dejan de cerrarse con sus argumentos defensivos, reabren su corazón y atraviesan el dolor, les vuelve el amor y la ternura para con ellos. También descubren que los padres fueron niños un día, y también su corazón fue frágil y aprendió a defenderse, que ellos vivieron asimismo sus carencias y pesares.

Los padres quieren a sus hijos, aunque en ocasiones no puedan, debido a su propio dolor, expresarlo y vivirlo les cuesta también, por esa razón, los hijos pueden darse la oportunidad de abrazarlos o de darles las gracias por el regalo de la vida y en consecuencia, tal vez no a la primera, pero poco a poco donando amor hacia el padre o la madre, los muros del ego se vienen abajo para corresponder al tibio abrazo entre padres e hijos.

Envío Paz a tu vida.

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