¿Quién es el responsable de nuestras emociones negativas?

Las personas solemos tener la impresión de que los hechos externos (aquello que nos sucede) impacta sobre nuestras vidas produciendo emociones como la rabia o satisfacción, alegría o tristeza… Según esta idea, hay una relación directa entre suceso y emoción. Por ejemplo, si me quedo sin trabajo o mi pareja me abandona, me sentiré triste. Si alguien me insulta, me sentiré ofendido. Tenemos la percepción de que hay una relación (de causa y efecto) entre hechos y emociones. Pero… la psicología cognitiva, nos dice que esto no es así.

Entre los hechos externos y los efectos emocionales existe una instancia intermedia: los pensamientos. Si yo me deprimo ante el abandono de mi pareja no es por el hecho en sí: es porque yo me estoy diciendo a mí mismo algo como: «¡Dios mío, por qué me paso esto a mí, estoy solo, es horrible, voy a ser un desgraciado!», y estas ideas producen en mí la emoción correspondiente, en este caso, miedo, desesperación y depresión. Son las ideas, la interpretación y mi diálogo interno, lo que me deprimen, no el hecho de que me me haya quedado solo o sin trabajo. De hecho, habrá personas que, frente al abandono de su esposa, ¡celebran una fiesta! o quienes se quedaron sin trabajo, emprenden algo nuevo.

Como decía Epicteto: «No nos afecta lo que nos sucede, sino lo que nos decimos acerca de lo que nos sucede». Todos tenemos la impresión de que los hechos producen (de forma automática) las emociones, y este error es muy común en las personas, sobre todo en las relaciones humanas. Por ejemplo, una mujer llamada Elena dijo lo siguiente: «Si él me ayudase más con las tareas de la casa, yo sería feliz», y ese es el error del que hablamos. Su pareja no tiene el poder de hacerla infeliz, es ella misma quien elige sentirse así.

Si analizamos detenidamente el proceso mental de Elena, veremos que su pareja no le ayuda como ella desearía, entonces ella piensa y se dice asi misma: ¡Esto es intolerable! ¡No lo puedo soportar! etc.. Son esas ideas y pensamientos los que tienen el poder de irritarla, no las acciones de su pareja. De hecho, no todo el mundo reacciona de la misma manera ante algo similar, algunos les irrita más que a otros. Hay personas a quien incluso no les produce ningún malestar. Ya que todo depende del diálogo interno de cada cual. Es el diálogo interior el verdadero productor de las emociones.

Decía Joan Garriga, psicólogo humanista, que la buena noticia es que «nadie puede hacerte infeliz», la pareja o cualquier otra persona o hecho que suceda en nuestra vida no tiene la capacidad de hacernos infelices, aunque en ocasiones parezca que si, especialmente en momentos de dolor, disputas, desencuentros o frustración, pero no tenemos por qué ser víctimas de ello, pues siempre queda en tus manos decidir cómo vas a vivir las cosas, el sentido que les darás y la posibilidad de orientarlas en la dirección de lo positivo y útil. No parece un buen negocio hacer depender nuestro bienestar de otro, dándole y a la vez cargándole con ese poder. La felicidad depende de nuestra actitud ante lo que nos toca vivir. En particular, depende de que con nuestra actitud logremos evitar instalarnos en el victimismo, el resentimiento, la venganza, la queja, el orgullo, etc. Todos ellos configuran el elenco de personajes del sufrimiento humano.

«Envío Paz y Calma a tu vida»

Scroll al inicio