Superar el dolor de una ruptura emocional

En una ruptura en general y especialmente en una de pareja se ponen en marcha muchas emociones, la mayor parte de las cuales consideramos negativas porque son difíciles, pero resultan imprescindibles para completar el proceso y salir fortalecidos.

Abrirse al amor en la pareja también significa hacerse candidato al dolor. Abrimos nuestro corazón cuando podemos asumir que tal vez nos dolerá. De hecho, en el amor esperamos que el otro nos tratará bien, cumplirá sus compromisos y deseará nuestro bien. Pero también debemos saber que NO somos niños indefensos y que nos hacemos más grandes y sabios cuando sabemos y concordamos en que el otro, a pesar del amor, también nos puede traicionar o dejar de querer. Si, al fin deviene la traición o el desamor o la ruptura inesperada, se pone a prueba nuestra autoestima que consiste en saber que podremos con ello, que lo superaremos fortalecidos y con el corazón abierto, y que estamos disponibles para todos los retos emocionales que se nos presenten en el trayecto que ha de conducirnos hacia nuevos y felices vínculos.

Cuando pasamos por una ruptura, iniciamos el proceso de duelo en el que es previsible pasar por diferentes estados o etapas que tienen unas características estudiadas. Al igual que estamos programados para vincularnos con los demás sintiendo placer y expansión también están en nuestra naturaleza los mecanismos y recursos para el proceso de desapegarse de una persona. Este proceso del duelo, en lugar de expansión produce retracción y en lugar de placer, rabia, pena, culpa, estrés, etc. hasta que culmina en la alegría que regresa al final del túnel.

Para poder superar una ruptura es importante expresar aquello que no hemos dicho a lo largo de la relación, aquello relevante que quedó atascado, y que tal vez intoxicó el aire y nutrió los desencuentros. Si es posible hacerlo directamente con la otra persona delante, mucho mejor; si no es posible por cualquier motivo, por ejemplo, porque creemos que puede empeorar las cosas, o porque se deben establecer límites precisos, podemos escribir todo lo pendiente e imaginar a la otra persona en una silla vacía frente a la nuestra y decírselo. Como recomienda la terapia Gestalt, es mejor expresar lo inexpresado, decir lo no dicho, vivir lo no vivido, procesar lo no procesado, cerrar lo no cerrado, y que nuestras venas relacionales estén bien ventiladas. De este modo, la energía queda libre del pasado y se orienta al futuro.

Por otro lado, es también crucial agradecer todo lo que nos ha dado la otra persona y todo lo que hemos podido vivir a su lado. A algunas personas les va bien hacer una lista de las cosas concretas que pueden agradecer. Aceptar lo que nos ha dado el otro y decir gracias nos pone en disposición de valorar lo recibido y desde ahí poder superar la ruptura, porque la gratitud mitiga el victimismo y el resentimiento. Cuando podemos ver lo que nos ha aportado una relación y lo que hemos aprendido en ella, estamos en disposición de cerrarla y abrirnos a lo que esté por venir. De hecho, un proceso de ruptura concluye cuando…

… podemos mirar atrás con paz y alegría;

… logramos apreciar y agradecer lo que vivimos y aprendimos en nuestra anterior relación;

… le damos internamente las gracias a nuestra expareja por lo que fue posible y lo que nos aportó;

… podemos darle el reconocimiento que merece como una relación importante para nuestra vida;

… reconocemos el amor que hubo y lo guardamos como un regalo;

… somos capaces de dejar libre al otro y desearle lo mejor, y hacernos nosotros libres y también desearnos lo mejor;

… alojamos al otro en el lugar interior de los vínculos significativos en nuestra alma y pasa a formar parte de la narrativa que configura y da sentido a nuestra vida.

En definitiva, el gran reto para todos consiste en aprender a amar lo imperfecto de la vida, de nosotros y de los demás, y volvernos compasivos.

¿Cómo se cierra bien el pasado? entregándonos al dolor, abriéndonos al dolor de la herida, de la decepción y de la frustración. Y, durante un tiempo, viviendo la turbulencia emocional que toque, la culpa, o la tristeza, o el enfado, o la sensación de fracaso o desesperación o miedo. Nos visitarán muchísimos sentimientos que, como huéspedes, permanecerán un tiempo con nosotros y después se irán, y luego volverán con menos fuerza y se irán de nuevo, cada vez más diluidos, y cuando se vayan casi por completo, notaremos que se abre de nuevo en nuestro pecho un espacio para el amor.

¡Envío Paz y Bienestar a tu Vida!

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